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Yo, del Pipa

La opinión pública -sea lo que sea esto- lo señala como el principal responsable de la caída ante Chile. Lejos de buscar respuestas, se persiguen chivos expiatorios. Ahora le toca a Higuaín. Mañana a otro, y así. 




Sostengo y sostuve que si había un número 9 para jugar en esta Copa América, ese tenía que ser Gonzalo Higuaín. Esto, si solo se optaba por un futbolista entre Sergio Agüero, Carlos Tevez y el delantero del Napoli. En mi Selección ideal, Agüero e Higuaín. Con Lionel Messi y Ángel Di María por detrás, los famosos cuatro fantásticos, esos que entre 2012 y 2013 se cansaron de golear a cada rival que tuvieron del otro lado en el mejor momento del equipo de Alejandro Sabella

Tras otra caída argentina en un juego decisivo se buscan culpables. Chivos expiatorios. La capacidad analítica es nula. Se necesitan mensajes cortos y breves, contundentes. El pensamiento promedio se formateó a 140 caracteres y generar una idea más o menos interesante precisa de algo más que eso. 

Así, la estupidez del "era por abajo, Palacio" quedó y ahora, cuando a algún twittstar se le ocurra algo ingenioso, Higuaín será oficialmente lapidado. Lo increíble es que, si se midieran responsabilidades de un delantero, en la final ante Alemania el Pipa debió ser mucho más señalado que lo que fue en esta última. A saber: pierde el mano a mano increíble ante Neuer y por ansioso se pone en offside en el gol anulado minutos después. 

Este sábado entró más tarde de lo que el juego pedía -de hecho, en el contraste físico fue el único capaz de ganarle balones divididos a la endeble zaga chilena- aunque con margen para hacer. Si Ezequiel Lavezzi le hubiera enviado un centro más o menos razonable (esto es, cara interna con chanfle hacia afuera facilitándole el impacto al delantero que entra por el otro sector a la carrera), Higuaín hubiera sido el héroe. Además de Lionel Messi que había hecho una jugada de antología. Pero no pasó, el envío fue paupérrimo y Argentina perdió la oportunidad de ganar de manera épica.  

No, no digo, apuntemos a Lavezzi. Lavezzi es eso, siempre lo fue en la Selección. Voluntarismo, ganas, empuje, jugadas atolondradas, tonteras. Pero Higuaín no. Y no me tomo de un simple promedio de gol, que es muy bueno, sino de hechos concretos. Recordemos cuándo el Pipa entró en la Selección: cuando el equipo de Diego Maradona estaba contra las cuerdas para clasificar. En su primer partido oficial con la Albiceleste, gol a Perú. Clave. 

A aquellos que se toman de situaciones puntuales, hay que enrostrarles una que vale por varias. El Rubicón, los cuartos de final de la Copa del Mundo, ese valla que hacía años se había convertido en imposible de sortear. Higuaín marcó el gol, el único gol, ante Bélgica. Fue figura, hizo todo, y jugó en un nivel que no estaba acorde a su presente en Brasil, cita a la que llegó recuperándose de una lesión. En definitiva, hizo ese gol que ni Gabriel Batistuta, ni Hernán Crespo, ni Messi, ni Agüero, ni Tevez, ni ninguno de los anteriores hizo. Fue el último gol argentino en el pasado Mundial. 

Higuaín, de los delanteros citados, es el que mejor puede serle pivot a Messi cuando este necesita recibir de frente y encarar a la carrera. También es experto en diagonales del centro hacia afuera. Es compatible para generar espacios y que otros (Di María, Agüero) los capitalicen. Esto no es cuento, se vio en el mejor lapso del equipo nacional en los últimos ocho años, al menos. 


Qué hará Gerardo Martino de ahora en más seguramente ni él lo sepa por estas horas. Deberá analizar, reflexionar y llegar a varias conclusiones. Queda la duda de saber porqué llevar tres centrodelanteros de tal calibre si solo uno de ellos estará en cancha. El Pipa señalado, Tevez que llegaría a Brasil con 34 años. El futuro parece ser de Agüero, el goleador del equipo en la Copa. Por detrás aparecen varios con perspectivas de Selección: Mauro Icardi, Paulo Dybala, Luciano Vietto, Guido Carrillo. 

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